La educación superior en México en la vorágine del COVID-19

Con la llegada de la epidemia viral del COVID-19 las instituciones y quienes las habitamos entramos en una especie de vorágine de incertidumbre, demandas, actividades, en la que tuvimos que aprender muchas cosas a marchas forzadas, recurriendo a los recursos tecnológicos disponibles en las instituciones, en nuestros espacios familiares, en medio de un proceso atravesado por las posibilidades derivadas de nuestra familiaridad con tales recursos y de las condiciones existentes en los hogares para su utilización. Los afanes por sostener las actividades académicas en la situación de contingencia sanitaria muestra escenarios educativos diversos y también desiguales, no sólo por el acceso a medios tecnológicos, a la conectividad, al uso de programas y plataformas, lo cual ya representa un gran problema, sino porque acentuaron desigualdades preexistentes y evidenciaron condiciones familiares, escolares, laborales, de disponibilidad de espacios, tiempos y apoyos con los que cuentan nuestros docentes y estudiantes para sostener los vínculos pedagógicos en tiempos de contingencia.

La emergencia sanitaria y educativa generada por la situación del COVID-19, no sólo evidenció la dificultad para acceder y usar tecnologías, también puso sobre la mesa la discusión sobre el sentido de lo educativo y el papel de la institución escolar. La relación espacio-tiempo en la diferenciación de roles y actividades también se ha visto trastocada, ha desafiado nuestra capacidad de adaptación, plasticidad y sensibilidad en la atención de las diversas prioridades escolares, laborales, profesionales y familiares.

En relación con los roles y la división del trabajo académico, quisiera señalar que no todas las áreas del conocimiento están en condiciones de dar continuidad a sus funciones sustantivas, no en grado significativo. En términos de la formación de estudiantes y de los procesos de investigación, las áreas experimentales evidencian de manera más nítida la importancia y necesidad de los procesos presenciales. Si bien durante la contingencia se han generado estrategias para avanzar en revisiones de literatura, análisis de resultados y discusiones grupales sobre desarrollos previos, la realización de protocolos en los laboratorios, el trabajo con aparatos, reactivos, materiales, tejidos, es sobre todo presencial. Ello no significa que la relación presencial, pedagógica y humana, no sea necesaria en las otras áreas. Diversos investigadores coinciden en que la educación mediante dispositivos digitales no compensa la riqueza de las interacciones directas, grupales, de carácter presencial.

En relación con las instituciones, un reto importante aún por resolver se relaciona con el cierre del ciclo escolar, ¿en función de qué criterios hacerlo? De acuerdo con los primeros resultados de una encuesta aplicada recientemente, coordinada por Germán Álvarez,  dos terceras partes de los estudiantes de educación superior se inclinan por “continuar con el ciclo escolar como hasta ahora y culminarlo con evaluaciones que incluyan las actividades realizadas durante la contingencia sanitaria”. Los demás consideran que lo mejor es “dar por concluido el ciclo escolar, promover a todos los estudiantes y retomar las actividades pendientes el próximo ciclo”.  Para algunos estudiantes es importante que también se tome en cuenta el trabajo realizado por sus profesores durante la contingencia. Por su parte, las respuestas de los profesores muestran una mayor diversidad de opiniones, éstas van desde modificar el calendario, tomar en cuenta la situación de los alumnos en términos del acceso a las tecnologías y de sus condiciones familiares, trabajar con ellos lo necesario para acreditar los cursos, discutir colegiadamente posibles estrategias, valorar los aprendizajes no curriculares durante el confinamiento, e incluso, repensar los contenidos y la función de la escuela.  La contingencia también ha mostrado otros rostros más allá de las condiciones desiguales que enfrentan los estudiantes. Puso sobre la mesa importantes temas: el papel proactivo y reflexivo de los estudiantes en su propio proceso de aprender, las expresiones diversas que asumió la relación pedagógica, el lugar otorgado a las tecnologías en los procesos de enseñanza y aprendizaje, las heterogéneas condiciones institucionales para hacer frente a las actividades académicas en el contexto del confinamiento, el papel de las familias en la educación y en lo escolar, entre otros aspectos.

Un importante desafío en el horizonte próximo de las instituciones de educación media superior y superior gira en torno a sus procesos de admisión, en varios casos aplazados por la contingencia sanitaria. De acuerdo con la recalendarizaciones, las instituciones se encontrarán en una situación complicada, con nuevos ingresos en forma tardía y nuevas demandas de ingreso en puerta. En términos de la gestión de las actividades académicas la proximidad de ambos procesos, asociada al tamaño de las demandas, puede significar un importante reto para el quehacer institucional. Por otra parte, es posible advertir un escenario de mayor demanda y presión para las instituciones públicas. Países desarrollados que ya están resintiendo los efectos económicos de la crisis provocada por la Covid-19, dan cuenta de una importante reducción en la matrícula de las instituciones privadas. México no está exento de este fenómeno, especialmente en las instituciones privadas de bajo y mediano costo, donde la crisis económica asociada a la epidemia significará para muchas familias decisiones sobre las posibilidades de sostener a sus hijos en ese tipo de escuelas. Es posible anticipar un escenario de salida de estudiantes de instituciones privadas y un aumento en la presión para las instituciones públicas, todo ello, además, en un contexto crítico para este sector de instituciones, dada la gran restricción financiera que padecen para el desarrollo de sus actividades sustantivas.

¿Cómo preparar el regreso a clases y que acciones se deberán tomar?

Iniciamos la contingencia sanitaria para proteger la salud de todos, manteniendo la actividad académica bajo nuevas condiciones. Son experiencias que debemos procesar y reflexionar. Son aprendizajes que han abarcado todos los ámbitos de nuestras vidas como no había sucedido antes. ¿Qué recuperación hacemos de ello?, es algo en lo que debemos trabajar.  Pero quiero insistir: si nos aislamos para proteger la vida, el retorno a eso que se ha denominado la “nueva normalidad” debe tener en el centro esa misma consideración.  Si bien en la situación actual no hay fecha precisa de retorno a las actividades para los diferentes estados y regiones, lo central es tener un protocolo de actuación institucional que comprenda las acciones necesarias en términos sanitarios y de organización de la actividad educativa.  ¿Cómo monitorear para anticipar o atender situaciones imprevistas? ¿Cómo organizar las actividades de enseñanza y aprendizaje en instituciones con grupos numerosos y al mismo tiempo mantener la sana distancia? ¿Qué formas de trabajo establecer en aulas, laboratorios, talleres, seminarios, conferencias, etc.?  En ese sentido, es importante evitar un retorno desarticulado. Necesitamos generar mecanismos de coordinación intra e insterinstitucionales para tomar acuerdos, definir acciones conjuntas, formas de operar ciertos procesos, emprender proyectos sobre temas de interés común, así como para definir estrategias de corto, mediano y largo plazo.

¿Qué perspectiva de transformación educativa de mediano y largo plazo se requiere?

Es innegable la importancia de las tecnologías. Ha sido el principal medio para mantener la comunicación con un importante sector de nuestros estudiantes durante esta contingencia. Es una realidad de la que no podemos ni debemos sustraernos. Por ello, es necesario trabajar en una agenda digital. Las instituciones no sólo requieren mejorar su infraestructura tecnológica, sino trabajar en el desarrollo de capacidades básicas para que sus profesores y estudiantes aprovechen de mejor manera los recursos disponibles. Además, es importante promover en este terreno la comunicación intergeneracional.

Frente a la contingencia, también observamos condiciones institucionales bastante desiguales para responder a las demandas impuestas por esta situación; por un lado, observamos instituciones con importante infraestructura, plataformas y experiencia acumulada en el uso de tecnologías educativas, y en el otro extremo, instituciones con mínimos recursos tecnológicos y escasa experiencia en dicho ámbito.  Una importante enseñanza en este tiempo es la capacidad de colaboración y solidaridad que en diversos ámbitos se ha expresado.  Si la contingencia es la marca de estos tiempos, y tenemos que aprender a vivir en ella, un importante tema de la agenda digital tendría que incluir el hacer extensivas dichas experiencias y capacidades al conjunto de instituciones de educación superior.

Como parte de un esfuerzo colaborativo es importante trabajar en un repositorio de las instituciones de educación superior que albergue diversos materiales: artículos, libros de acceso abierto, tesis, videoconferencias, entre otros. En la contingencia nos hemos visto limitados en este terreno, aun cuando en algunos casos ha habido solidaridad para acceder de manera gratuita y temporal a acervos editoriales digitalizados.

Las soluciones al COVID vendrán del lado de la ciencia. Es un trabajo en el que participan instituciones y científicos mexicanos, tanto en redes nacionales como internacionales, aportando sus conocimientos de manera comprometida. Trabajan en el desarrollo de pruebas diagnósticas, de medicamentos que puedan aminorar los efectos severos de la enfermedad, en la búsqueda de una vacuna. La importancia de invertir en ciencia y en salud podemos comprenderla mejor cuando recibimos directamente sus beneficios, cuando nos acercamos a conocer cómo trabajan y para qué sirve lo que hacen los científicos, o bien cuando identificamos y reconocemos lo que aportan a la sociedad. Es necesario tender lazos de comunicación no sólo entre las instituciones educativas, sino con la sociedad. La coyuntura del COVID es un momento oportuno para articular esfuerzos y difundir de manera sistemática y amplia, a través de diversas plataformas, lo que hacen nuestras instituciones, sus académicos y científicos, mostrar sus contribuciones a la atención de los problemas sociales, educativos, de salud, y a los retos que asumen para impulsar el desarrollo de ciencia y tecnología, y de innovaciones en beneficio del país.

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