Reflexiones en torno a la relevancia de las artes y la educación artística en el contexto de la pandemia COVID-19

En primera instancia es conveniente señalar que coexisten una diversidad de respuestas en torno a la importancia que tiene la educación en el campo de las Artes para comprender y enfrentar una problemática global como es la pandemia por COVID-19. Las respuestas que se dan dependen del paradigma de realidad en que sean situadas la educación, las Artes, las prácticas educativas y artísticas, así como el contexto desde el que se sitúan los discursos y la finalidad de éstos.

Juan Acha (2006) expresa que “Existen dos clases de educación artística, la escolar y la profesional; una diferente de la otra y cada una con sus particularidades y subdividida en sus géneros. Se diferencian entre sí, por sus principios, medios y fines: la profesional siempre existió y fue cambiando con el tiempo, pasando de la personal con un maestro único a la de varios maestros, que es la característica de las academias o escuelas superiores de arte […] Los fines escolares, que ni siquiera cuentan con más de 200 años de vida, son obviamente distintos de los profesionales y a la vez, igualmente estéticos y educativos. Sus medios mientras tanto se distinguen por su grado, extensión, duración. Los principios difieren en su didáctica y en el género que se enseña.” (pp. 14-16).

En virtud de que en la cultura occidental la noción acerca de las Artes ha variado en función de las múltiples cosmovisiones que construyen los sujetos, si se opta por una postura sustentada en prácticas y discursos residuales en las que predominen valoraciones y una perspectiva morfológica o funcional de las Artes(Acha 2012), que relacionen la idea de las Artes con expresión, genialidad, talento innato, sensibilidad superior, originalidad, vocación y con una actividad reservada a un selecto grupo de personas con cualidades especiales, se afirmaría que, desde el campo de las artes es poco con lo que se puede contribuir a comprender y enfrentar las situaciones inéditas que ha generado la Pandemia COVID-19, ya que al hacer énfasis en el formato o en la función de los productos artísticos, a partir de la idea de la unicidad, éstos son descontextualizados del tiempo y del espacio concreto en que se gestan, lo que deriva en su sobrevaloración o que se les considere superfluos, con una función meramente decorativa o de culto.

Por otra parte, si para reflexionar en torno a los fines y propósitos de la Educación Artística se integra una perspectiva humanística/holística, relacional, sustentada en las narrativas recientes: Sociedad Líquida (Zygmunt Bauman); Sociedad Red (Manuel Castells); Complejidad (Edgar Morín); Sociedades del Conocimiento (UNESCO); Sociedad del Riesgo (Ulrich Beck); Sociedad del Simulacro (Jean Braudillard); Cultura Visual (Nicholas Mirzoeff), entonces, la Educación Artística representa una alternativa relevante y pertinente para contribuir a la atención de las diversas demandas sociales vinculadas a los ámbitos de desarrollo emergente, entre otras: la integración de las Artes en todos los niveles del Sistema Educativo Nacional; reforzar el sentido de pertenencia a una comunidad y resignificar los sistemas de relaciones vitales a nivel familiar, grupal y social; las áreas de la salud y la terapia; la organización del ocio, la dinamización del patrimonio cultural y natural; como recurso de innovación en la investigación y desarrollo tecnológico; así como la práctica interdisciplinar incorporada a las industrias del espectáculo y el entretenimiento.

A su vez, si se pretende construir una sociedad de ciudadanos con una educación integral donde el bienestar sea un elemento clave en el desarrollo de la vida cotidiana, implica gestar una serie de transformaciones en el ámbito de la Educación Artística, entre otras.

Promover procesos formativos en el ámbito de la Educación Artística que involucren las dimensiones:

  • Social, que incentive la formación de ciudadanos críticos, cooperadores y con apertura a la diversidad cultural.
  • Interpersonal, que aliente la formación de ciudadanos que muestren una cultura de solidaridad, justicia, apertura hacia las diferencias de las personas; actitudes responsables consigo mismo, hacia los demás y en los ámbitos de su vida cotidiana, familiar, profesional.
  • Personal, que impulse la formación de ciudadanos capaces de comprender el entorno mediante el ejercicio responsable y crítico de su autonomía, la cooperación, la creatividad y la libertad.
  • Profesional, que estimule la formación de ciudadanos capaces de ejercer una tarea profesional de manera responsable, flexible y rigurosa, que posibilite cubrir las demandas sociales, así como las motivaciones y expectativas de desarrollo personal/ profesional.

El contexto actual brinda a los diversos actores educativos y a la sociedad la oportunidad de revalorar el papel de las Artes y la Educación Artística para transitar hacia una visión integradora- relacional, en la que se promuevan espacios de exploración, reflexión en torno a los cambios y trasformaciones vertiginosas de la realidad social, así como visualizar acciones pedagógico/disciplinares encaminadas hacia nuevas formas de implicación y desarrollo profesional que estén orientadas a concretar un desarrollo humano sostenible e inclusivo que incida en el bienestar de las personas.

En virtud de que en las instituciones educativas de los diferentes niveles del Sistema Educativo Nacional coexisten diversos sentidos del saber artístico enseñable, regulaciones distintas de los contenidos, maneras alternas de entrar en contacto con los contenidos, así como con la creación de espacios temporales emergentes que emergen en el contexto de la pandemia COVID-19, y que en conjunto plantean una serie de demandas específicas para las Artes y la Educación Artística, entre las que destacan:

  • Lograr en el ámbito de las Artes y la Educación Artística, la articulación de referentes pedagógicos/disciplinares que respondan a los requerimientos sociales a nivel regional.
  • La necesidad de vincular a las Artes y la Educación Artística con sectores de la sociedad para atender las demandas generales.
  • Promover procesos creativos docentes en las Artes, que favorezcan la sistematización y fundamentación teórica de las innovaciones pedagógicas y didácticas diseñadas por los diversos actores involucrados en las Artes y la Educación Artística.
  • Favorecer la comprensión de las implicaciones positivas que tienen las Artes y una labor docente humanística, holística, relacional en el bienestar de las personas.
  • Motivar a los actores educativos a renovar y transformar los procesos de enseñanza/aprendizaje en el ámbito de la Educación Artística.
  • Determinar limitaciones conceptuales y materiales que obstaculizan la mejora de los procesos de construcción del conocimiento dentro de las Artes y la Educación Artística.

Referencias

Acha J. (2006). Educación Artística escolar y profesional. México. Trillas.

Acha J. (2012). Arte y sociedad latinoamericana. El producto artístico y su estructura. México. Trillas.

Careaga G. (1988). El siglo desgarrado. Crisis de la razón y la modernidad. México. Cal y Arena.

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