De la paquetería al prompt: Repensar la competencia digital y la mediación tecnológica en la universidad

Hace apenas una década, el mayor desafío tecnológico en las aulas universitarias parecía reducirse a dominar el proyector o asegurar que tanto docentes como estudiantes manejaran con fluidez la paquetería ofimática. La «competencia digital» se medía, casi de manera exclusiva, por la destreza técnica e instrumental frente a la pantalla.

Hoy, sin embargo, el escenario en la educación superior ha dado un giro radical. Cuando un estudiante necesita buscar, sintetizar y evaluar información académica, ya no navega por interminables enlaces o catálogos de biblioteca; en su lugar, dialoga directamente con algoritmos a través de un prompt. Esta vertiginosa transición de la herramienta estática a la inteligencia artificial generativa no es una simple actualización de software, pues representa una disrupción profunda en cómo interactuamos con el conocimiento. La inmediatez de estas respuestas sintéticas demuestra que el concepto tradicional de competencia digital ha quedado rebasado.

Se está entonces ante una urgencia ineludible: la necesidad de repensar la política educativa universitaria. Ya no basta con capacitar en el uso de herramientas; el verdadero reto es transitar hacia una mediación tecnológica crítica, donde se comprenda cómo estos nuevos algoritmos transforman a los sujetos que aprenden y los contextos en los que se enseña.

El espejismo de la competencia instrumental

Durante mucho tiempo, las políticas de formación continua en las instituciones de educación superior se enfocaron casi exclusivamente en la alfabetización informática. La urgencia era abatir la brecha de acceso mediante cursos sobre procesadores de texto y plataformas de gestión del aprendizaje. Desde la política educativa, se asumía que, al lograr dominar la «paquetería», el profesorado adquiriría automáticamente la competencia digital necesaria para transformar su práctica educativa. Esta etapa de apropiación técnica fue fundamental, pero gestó una visión puramente instrumental de la tecnología.

Este enfoque terminó por construir un espejismo pedagógico. Al evaluar la competencia digital docente a través del dominio de herramientas, se pierde de vista lo esencial en el acto educativo: el sujeto y su contexto. Se creyó, erróneamente, que la destreza técnica frente al teclado era sinónimo de innovación didáctica. La tecnología se trató como un canal aséptico para transmitir información, ignorando que cada herramienta digital porta lógicas que alteran cómo se construye y valida el conocimiento.

El letargo de este espejismo se ha roto de forma abrupta con la masificación de los modelos de lenguaje. Si la competencia digital se reduce a operar un software, ¿qué sucede cuando la interfaz se opera a sí misma mediante lenguaje natural? La situación actual en las aulas universitarias no surge por una falta de habilidad técnica frente al prompt, sino por un vacío profundo en la comprensión de la mediación pedagógica; un vacío que exige dejar de mirar exclusivamente a la pantalla para volver a mirar al sujeto que aprende.

Sujetos y mediaciones en la era del algoritmo

La irrupción de la inteligencia artificial generativa obliga a desplazar la mirada del artefacto hacia los sujetos, las mediaciones y los contextos. En el nivel universitario, se puede observar cómo las y los estudiantes han transformado radicalmente sus prácticas de búsqueda y evaluación de información. Los jóvenes interactúan con un agente algorítmico que sintetiza y, en ocasiones, sesga el conocimiento.

Como ha señalado Manuel Castells, en la sociedad red el verdadero poder no reside únicamente en el acceso a la información, sino en la capacidad crítica de procesarla y dotarla de sentido. Sin embargo, cuando el estudiante delega la evaluación de la literatura académica a una interfaz, corre el riesgo de automatizar también su pensamiento. El universitario se enfrenta a la paradoja de obtener respuestas instantáneas que muchas veces carecen de profundidad epistemológica.

Aquí es donde el pensamiento de Ángel Pérez Gómez cobra vigencia: la institución educativa en la era digital debe reinventarse, no para competir con la capacidad de procesamiento de la máquina, sino para cultivar el pensamiento reflexivo. Si la educación universitaria se reduce a la mera entrega de productos finales, la inteligencia artificial siempre será más eficiente. Pero si se entiende el acto educativo como un proceso de emancipación, en sintonía con la visión de Paulo Freire, la tecnología no puede aceptarse pasivamente como un instrumento de alienación intelectual.

El algoritmo no es neutral; sus respuestas están configuradas por lógicas de programación que muchas veces ocultan exclusiones. Por lo tanto, el docente universitario experimenta hoy una profunda descolocación. Su tarea ya no es ser el guardián de la información, sino mediar la relación crítica entre el sujeto que aprende y el algoritmo que responde. Se trata de acompañar al estudiante para que interrogue a la inteligencia artificial y recupere su agencia frente a respuestas prefabricadas.

Repensar la política de formación docente

Ante este panorama, la política educativa en el nivel superior requiere un golpe de timón urgente. Las estrategias institucionales no pueden seguir ancladas en programas de certificación de herramientas que caducan en cuestión de meses. Repensar la política educativa implica transitar de una capacitación puramente técnica hacia una alfabetización algorítmica y crítica.

Se requieren políticas que fomenten espacios donde el profesorado pueda reflexionar sobre su propia práctica frente a estas tecnologías. Si se exige pensamiento crítico al estudiante para no sucumbir a la respuesta de la máquina, las universidades deben proveer al docente de marcos pedagógicos que le permitan guiar ese proceso. La política educativa no debe limitarse a regular o prohibir el uso de estas plataformas, su mandato principal debe ser dotar de sentido ético y pedagógico a su integración.

Propuestas concretas

A continuación, se sugieren algunas líneas de acción institucional:

  • Alfabetización algorítmica: Cursos que integren análisis crítico de modelos de lenguaje, identificación de sesgos y valoración de fuentes generadas por IA.
  • Diseño curricular reflexivo: Incorporar actividades donde los estudiantes contrasten respuestas de la IA con fuentes primarias y argumenten discrepancias.
  • Acompañamiento docente: Promover comunidades de práctica para compartir estrategias didácticas que fomenten la autonomía crítica del estudiante.
  • Evaluación auténtica: Priorizar procesos y evidencias de aprendizaje (diarios, portafolios, debates) sobre productos fácilmente automatizables.

Un ejemplo concreto en el aula consiste en solicitar a los estudiantes una síntesis sobre un tema mediante IA y, paralelamente, una revisión crítica basada en artículos académicos. En sesión, se comparan ambas producciones, se identifican omisiones y se discute cómo replantear preguntas de investigación a partir de las diferencias. Esta actividad convierte la mediación algorítmica en objeto de enseñanza, no en sustituto del pensamiento.

Conclusión

El tránsito de la paquetería ofimática al prompt algorítmico es una invitación a recuperar la esencia de nuestra labor docente. Esto demuestra que el dominio técnico de un dispositivo es efímero, pero la capacidad de mediar críticamente el aprendizaje es permanente. Frente a una tecnología que promete respuestas instantáneas, la verdadera competencia digital en la universidad actual consiste en saber formular las preguntas correctas. Al poner el foco en los sujetos, las mediaciones y los contextos, devolvemos el protagonismo a la dimensión humana del acto educativo, asegurando que la tecnología sirva para emancipar el pensamiento, y no para automatizarlo. Por ello, la discusión sobre inteligencia artificial en la universidad no puede resolverse con reglamentos de prohibición, sino con una redefinición profunda de la formación docente y del sentido mismo de la educación superior.

Autor: Paul Ernesto Caro Lizárraga | Universidad Pedagógica del Estado de Sinaloa

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